EL REBOZO PIEDADENSE: Un ícono de elegancia y distinción

Desde el primer instante de la concepción, el calor materno nos arropa, envolviéndonos con calor; abrigándonos con amor.
Conocedores de esto, las manos prodigiosas del artesano piedadense transforman la artícela y la seda en la más bella expresión del amor de la madre orgullosamente michoacana.
Del más humilde vientre a las manos más aristocráticas: novia de pueblo, refugio de románticas palpitaciones, seductor escondite de negras miradas, compañero de luto y paño de lágrimas o lujuriosa iridiscencia, flamea ardoroso sobre hombros mujeriles.
Oro de sol, cielo de azur, verde alfalear…luna entre nubes “de bolita” te llaman los conocedores. Arcoiris en un telar, manos zulianas, que como arañas industriosas tejen anhelos, empuntando sueños, anudan nombres, cobijan pasiones encendidas por el ausente.
El rebozo, prolongación de la madre amorosa que en el extranjero, nos envuelve cálidamente: La piedad en su más tierna expresión.
Filigrana de nudos, suavidad de vals, cofre precioso que atesora gemelas perlas prófugas de un escote. Manso protegido bajo el yugo femenino, valentón y pendenciero en garganta varonil.
El H. Ayuntamiento de La Piedad, interesado en que la hermosa tradición de los telares se perpetúe en brazos de mexicana y extranjeras, comparte hoy con usted el orgullo de nuestra región: rebozos para todos los gustos y posibilidades.
Desde el primer instante de la concepción, el calor materno nos arropa, envolviéndonos con calor; abrigándonos con amor. Conocedores de esto, las manos prodigiosas del artesano piedadense convierten la artisela en la más bella expresión del amor: el rebozo.
El más simple, suave, ligero, fácil de llevar consigo, versátil. Portabebé disponible en el mercado hasta ahora, ofrece máxima flexibilidad y libertad para la madre y el bebé, al mismo tiempo con gran variedad de posiciones; al frente,, sobre la espalda o las caderas, sirve como envoltura en tiempo frío y cálido, con perfecto ajuste según el crecimiento de la criatura.

Ofrece la única envoltura “de capullo” para el recién nacido, acostumbrado a la comodidad y perfecto amoldamiento del cuerpo materno, le permite seguir en contacto con el latido del corazón de la madre, percibiendo el movimiento y la calidez que hasta hace poco disfrutaba dentro.
De tejido sumamente delgado, generalmente de algodón, que le permite respirar libremente, sin lastimar ojos ni nariz, proporcionándole el soporte correcto para su espina dorsal, y cabeza. Exitosamente usado alrededor del mundo: desde el continente negro, Asia, Europa y Las Américas; elaborado con materiales autóctonos y colores de toda la gama.
Estudios de pedagogos y antropólogos, han demostrado que al separar al neonato de la madre para depositarlo en una fría cuna, arropado con tejidos acrílicos ajenos a la feliz naturaleza de la piel materna, el pequeñito sufre de un “stress”, que es lo que le obligará a una madurez cerebral traumática y prematura.
En cambio, en las culturas africanas, del Pacífico y América, en do nde el bebito sigue en contracto directo, piel a piel, poniendo el pezón y su nutricia leche esperando solamente que la boquita lo busque…La madurez se da de una manera más gradual. El uso del rebozo y su equivalente en distintas latitudes, permite al menor un choque menos brutal con el mundo que le espera, conservando la garantía de la cercanía de mamá. Esto garantizaría un desarrollo posterior perfecto, si no fura por la marginación y pobreza; la desnutrición y las enfermedades que aguarda esta separación.
Desde la época precortesiana, según consta en los anales históricos (códices), y posteriormente registrado por los observadores de la Conquista, ha sido incluso elemento monetario, ya que las “mantas” con que los emperadores mexicanos recibían el tributo de sus súbditos, eran grandes y ordinarias, o bien, “cortas y con fleco, finas y de ornato”. Nuestros antepasados ya comerciaban con ellos, teniéndolos en alta estima si eran teñidos o con hebras de ornato en su tejido.
Su arreglo y acomodo varía según los países y costumbres, como prenda de vestir, no necesita zippers, botones ni argollas o materiales plásticos para mantenerse en posición. La simplicidad, belleza y elegancia, le hacen u n complemento perfecto para todos los estilos de vestir: casual o de negocios.
Hay otros usos múltiples además de ser accesorio o portabebé: sábana manto, mantel o elemento complementario para el culto religioso.
Esta tradición de la elaboración de la prenda, no ha dejado de ser víctima del embate de la tecnología, ya que anteriormente era producido con telar de cintura, luego manual para terminar en el mecánico, totalmente mecanizado.
El proceso final de “empuntado” es el único que se salva, ya que debe ser realizado completamente a mano, con técnicas tradicionales que son transmitidas de madres a hijos. Cada empuntador tiene sus propios diseños, mismos que se pueden catalogar del más simple “juego de aguja”, hasta el gustado “culebrilla”, “culebrilla ciega”, “cuadro ciego”, “cuadro calado”, para rematar en el buscado “bejuco”, utilizado únicamente en los rebozos de lujo.
(Ocupa al empuntador hasta una semana de labor), “Estrella de mar”, “Malla”, “Orilla ciega”, “De flor”, y tantos otros menos conocidos pero igualmente bellos. Cabe destacar que un motivo de “punta”, que ha dado fama a nuestro municipio es el “cola de pavo”. La creatividad piedadense no tiene límite, por lo que es posible encomendar el anudado en forma de letras, que componen el nombre de la portadora, una fecha o el motivo del regalo, flores, pájaros, estrellas. Nada escapa a la posibilidad de perpetuarse.
El proceso tradicional, inicia por el enmadejado, remojo, teñido, enjuague o clarificado, escurrido, secado para posteriormente proceder al tejido en el telar manual o mecánico. Esto exclusivamente para aquellos que llevarán como divisa el azul, negro, rojo, verde, turquesa, naranja, café, oro, o guinda, en todas sus gamas. Si la fibra se destinara a trama blanca, exclusivamente del remojo pasa al decoloro y de ahí al claficado.
Todos estos colores se usan lisos en la chalina, y combinados con la trama blanca, en el rebozo.
El rebozo “de bolita”, síntesis de la perfección de lo imperfecto: el “granizo” se forma con el amarre y anudado cada cierta distancia. Al ser tejido en trama negra, hace el “granizo”, motivo único e irrepetible en cada u no de los millones de rebozos que han salido de nuestros magos tejedores. El ancho del amarre determinará el diámetro de la “bolita”. Realizado en trama blanca, se tiñe, dando lugar a los elegantes “rebozos blancos”, en el que el “granizo” será negro. La cantidad de “granizos” varía en cada prenda, ya que es fruto del azar combinado con la destreza del tejedor. Entre mayor número de manchas lleve, más fina la prenda. La cantidad promedio, según los expertos, varía de 7,000 a 9,000 o más. Esto lo pone a la altura de los más finos tapetes persas, que según el número de nudos por centímetro cuadrado, varía la calidad y por supuesto, el costo del resultado final.
Actualmente los 38 artesanos miembros de la Cooperativa, se han constituido en una “Unión de pequeños productores artesanos de la Piedad”. El Ayuntamiento Constitucional 96—98, a través de la ventanilla única de gestión de la Dirección de Promoción Económica, se ha preocupado para que por su conducto, el arte textil rebocero tenga un merecido repunte en su difusión y posicionamiento en el mercado, no solamente en el interior de la República, sino en el extranjero, principalmente entre coleccionistas norteamericanos y connacionales que han emigrado y conocen la calidad y belleza de esta prenda.
Durante 1996 y b”97”, la dirección de Promoción Económica hizo los trámites para que los reboceros tuvieran acceso a créditos del gobierno del Estado a través del “Fondo de Fomento Artesanal de Michoacán” (Fomich), por el orden de $51,000; y este año 37 artesanos recibirán un apoyo de $44,400.00, con un asombroso índice de recuperación del 100%, hasta diciembre pasado. Han demostrado su capacidad de trabajo y responsabilidad, siendo ejemplo en la entidad.
La ventanilla única de gestión ha tenido importante injerencia en la promoción de este ramo artesanal, ya que además de la tramitación de créditos, ha ofrecido el contacto con ejecutivos del “Bancomex” para que reciban información y asesoría en trámites de exportación y colocación de productos en el extranjero.
Asimismo, la promoción de participación en ferias y exposiciones en toda la República, siendo las más recientes la del “Palacio de los Deportes”, en la ciudad de México, la Expoferia “La Piedad 98”, Guadalajara, Jal; y próximamente “Kiosko Mexicano”, en la ciudad de Mexicali, B. C.
Actualmente se gestiona un apoyo para que mediante el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), se continúe el a poyo artesanal, encabezando este grupo los reboceros, canteros, canasteros, huaracheros, manufactores de trompo y balero, así como de manualidades, tejidos y bordados.
Nuestros rebozos son los únicos hechos completamente a mano, con una tecnología exclusiva en todo el mundo. Así que la próxima vez que usted acaricie o mejor aún, use un rebozo, tenga la plena certeza de que ha sido hecho con el amor de La Piedad. Comercializado en toda la República e introducidos a otros países por los extranjeros conocedores de este arte o por los connacionales que desean llevarse un trocito de patria.
El tiempo pasa, las modas cambian, pero el rebozo piedadense perdurará en el buen gusto y elegancia de cualquier ocasión.
INFLUENCIA DEL REBOZO EN LA SALUD DE MADRE E HIJO
Por muchos años fue un enigma para médicos y psicólogos el porqué los niños lactantes africanos lograban un mejor desarrollo que los del resto del mundo, hasta que se descubrió el motivo.
Generalmente los niños en estado fetal mantienen pies y manos inmóviles, escuchan el latido del corazón de su madre y se acostumbran al continuo movimiento de su cuerpo al desempeñar sus labores cotidianas.
Sin embargo, al nacer estos niños son cargados por sus madres amarrados en u n lienzo de una dimensión parecida a nuestro rebozo lo que permite que el niño conserve la misma posición que tenía en el vientre, contrario al cambio brusco que sufren los niños occidentales al tener manos y pies libres y su cuerpo inmóvil depositado en una cuna, lo que le produce un estrés que impide desarrolle su capacidad de aprendizaje con facilidad.
El rebozo además, bien amarrado al centro de pecho y espalda permite a la mujer la recuperación de la columna vertebral sometida durante el embarazo a soportar el peso del bebé, evitando de esta manera los dolores de espalda que se producen cuando son cargados en brazos.
EL REBOZO
Desde el punto de vista artístico, hacer un rebozo piedadense es imposible, esta prenda de vestir quizá sea la única que no podría hacer un robot, porque el rebozo es un conjunto de manchas blancas sin forma llamadas granizo, que se logran amarrando anillos muy apretados a lo largo de la madeja con el número de hilos que van a formar el rebozo después de teñirla, y secarla. Estas manchas se acomodan en diferentes niveles logrando con ello dibujos diagonales agradables a la vista, es por ello que el operario tiene que vigilar que el telar al tejer el hilo que estira, lo encoja y el que encoja lo estire para no perder el granizo, técnica que algunos la llaman “lo perfecto de lo imperfecto”.
Cabe hacer notar que si no se cuida el proceso de colocación de anillos en la madeja, dejarían en el rebozo una mancha transversal, lo que lo convertiría en zarape.
Otro de los procesos a los que se somete el rebozo es el empuntado el cual debe realizarse completamente a mano, cada empuntador posee sus propios diseños desde el más simple “juego de aguja”, “culebrilla”, “culebrilla ciega”, “cuadro ciego” ó “cuadro calado”, para rematar en el buscado “bejuco”, utilizado en los rebozos de lujo. Un motivo de “punta” que ha dado fama a nuestro municipio es el “cola de pavo”. Dada la creatividad inagotable del piedadense, es posible encomendar el anudado en forma de letras que componen el nombre de la portadora, una fecha especial o el motivo del regalo.
El rebozo más simple tiene 4 mil 600 nudos en las puntas llegando a tener hasta 9 mil 700.
Los lienzos usados por la mujer africana se asemejan a lo que en México tradicionalmente conocemos como chalina.. El verdadero rebozo es el que lleva granizo.
Consciente de la importancia que el rebozo ocupa en nuestras tradiciones más venera le, la Administración Municipal 1996—1998 ha centrado una parte importante de su proyecto de gobierno en el impulso de artesanías como ésta, que tan vívidamente nos identificó durante largos años, y que es muy factible vuelva disfrutar del auge que antaño la hizo tan característica de La Piedad.
EL REBOZO
Hacia finales del siglo XVII el rebozo se consolidó como una prenda indispensable y una manifestación del arte tradicional mexicano. Encuentra su antecedente inmediato en los ayates: lienzos utilizados para transportar toda clase de objetos. Estos eran mantos de ixtle compuestos por dos lienzos usados por hombres y mujeres desde la época prehispánica. Uno de los materiales más apreciados para la elaboración de estas prendas era el algodón coyuchi, que sólo existe en América. El rebozo es mencionado la primera vez por el dominico fray Diego Durán, en 1572. Se puede deducir que en algún momento del virreinato se aplicó una técnica, probablemente anterior a la Conquista, a lienzos que ya se usaban en el México prehispánico, y quizá así nació el rebozo como hoy lo conocemos.
En 1592 el virrey Luis de Velasco estableció telares en Texcoco. En el siglo XVIII el rebozo alcanzó su máxima calidad, la cual se debió en gran medida a que la Real Audiencia intervino, en 1757 con ordenanzas precisas para su elaboración, que en 1775 fueron confirmadas por el marqués de Cruillas. En ellas se dictan tamaño, tejido, clase de hilo y diseños. El virrey, segundo conde de Revillagigedo, dejó en 1794 a su sucesor, el marqués de Braciforte, una instrucción secreta en la que habla del rebozo: “Son una prenda del vestuario de las mujeres, lo llevan sin exceptuar ni aun las monjas, las señoras más principales y ricas y hasta las más pobres del pueblo”. Sin embargo fueron precisamente las damas de la nobleza quienes impulsaron las decoraciones del tipo costumbrista, pues no satisfechas con el lujo del tejido y los materiales, influidas por el barroquismo de la época y las Chalinas de seda cubiertas de flores bordadas que llegaron de china, decidieron enriquecer los rebozos con paisajes y conmemoraciones pintando con agujas y sedas escenas de la vida. Aun con lo anterior existe una tradición indígena arraigada, por lo que son precisamente los especialistas en la elaboración del rebozo. Las etnias que se distinguen por incluir esta actividad como parte de su vida cotidiana son: los matlazincas en Tenancino y Donfú, Estado de México, los otomíes en Santa María del Río, San Luis Potosí, los purépechas en Moroleón, Guanajuato, los nahuas en Chilapa, Guerrero, los zapotecos en Yaganiza, Oaxaca y los purépechas en el área michoacana.

Fuente:
“H. Ayuntamiento 1996-1998
La Piedad de Cabadas, Michoacán de Ocampo.
Ing. Raúl García Castillo.
Dirección de Comunicación Social.
LCC Ma. Concepción Ortiz Chávez.
Yara Imelda Ortega Bribiesca.
Publicado en “La Piedad, Ayer y Hoy” Vol I.
Proveedora en Offset (Proof)
Patricia Sánchez de Rincón
La Piedad, Mich.”

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s